Iba yo por un camino muerto de hambre y merendando.
Me encontré con un ciruelo.
Empecé a tirarle piedras,
y caí en avellanas.
Vino el amo del peral,
diciendo qué tal, y qué cual,
que quién me ha quitado las uvas de mi melonar.
Me ha tirado con una piedra,
me ha pegado en un tobillo
y me ha hecho sandre en un colmillo.
Fui a la enfermera y no estaba en casa
estaba a arar.
Las ollas a por agua
y los cántaros a la lumbre.
Los platos friengan y barren la casa.
Y yo no he visto un río que no corría porque no tenía zapatos.
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