Parecía que todo había concluido. Esa tormenta había dejado de existir, se había ido muy muy lejos. Pero el destino no quiso que fuera así.
Yo sabía que aunque la lluvia hubiera cesado, el viento traería más y más aguaceros. Como todo, tuve razón. No a más de dos días de que todo floreciera, empezó a chispenear, luego un poco más y otro poco más, hasta convertirse nuevamente, en una tromba de agua.
Quiso salir el sol, pero las nubes no querían marchar. Con lo cual, la tormenta se hizo cada vez más grande.
Esta tormenta me sitúa a mí en el epicentro. Tengo que atravesarla pero es complicado. Yo sola tengo que escapar y si no, tengo que resguardarme para no hacerme daño. Ya lo hago, lo intento al menos, pero el viento es muy fuerte y no sé si podré escapar. Quiero un rayo de luz y esperanza para poder salir ilesa y por qué no decirlo, alegre.

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