viernes, 14 de octubre de 2011

Daños causados que no tuvieron un final feliz.

No era un hombre bueno, pero le quería. Era alto -al menos eso me parecía a mí cuando tenia 12 años-, tenía una calva que vestía una coronilla blanca, un bigote también blanco y siempre, después de comer, se desabrochaba el cinturón del pantalón. Tenía que tomar sacarina en vez de azúcar y siempre decía que sus pies eran muy bonitos. Una vez me dijo ''yo me haría una foto a mis pies y la enmarcaría para ponerlos en el salón''.
No era tacaño, no con sus nietos... Aún guardo el móvil que me regaló. Se me antojó su móvil.
En unas vacaciones a nuestra casa de Matalascañas, sentados en un chiringuito me dijo ''Luz María este es mi anillo de boda y cuando muera, quiero que te lo quedes tú. Para que siempre me recuerdes, quiero que mi nieta tenga algo mio.'' Claro, que a la hora de la verdad, nadie me dio nada.

Cuando me dijeron que había muerto, yo solo dije ''NO ME JODAS''. No se me ocurrió decir nada más inteligente. Me salió del alma. Hacía un año que no le veía, yo tenía la pequeña esperanza de que todo se solucionara, que volviéramos a estar todos como antes, que fuéramos al campo a pasar allí el día... como hacíamos años atrás. Antes de morir, sabía que le echaba de menos... extraña vez nos encontrábamos en algún centro comercial.

Cuando llegué a mi casa ese día, no podía creerlo. Ya no le vería más, ya no podría decir ''Mamá, mamá ahí está'' e ir a saludarle... ni darle un abrazo. Después de lo que había hecho, ya no podía, pero tenía alguna esperanza. Cerré la puerta de mi habitación. Cogí mi álbum de fotos y echada en la cama comencé a ver fotos de él, él con sus nietos, conmigo. Yo pensaba que no iba si quiera a derramar una gota por él, por todo el daño causado a todos, pero exploté. No le vería más.
No era muy bueno, por no decir que era malo. Pero yo formaba parte de él, y de alguna manera tenía que quererlo.

Hará tres años que falleció y alguno más que yo no le viera. Al fin y al cabo, no sé por qué en estas fechas siempre me acuerdo de él; como si una alarma en mi cabeza me avisara de su aniversario de fallecimiento.




Supongo que le dedicaré una parte de mis oraciones.

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